50 Casa de Moneda de Chile (CMChile) y David Sturrock.
En diciembre 2006 regresé a Venezuela.
Durante los primeros días del 2007 apareció en la prensa local un llamado a licitación
internacional para el suministro de billetes a Casa de Moneda de Venezuela (CMVzla).
Con Carlos Jerez Hernández creamos rápidamente en Venezuela la empresa Procoven
mientras Carlos, que había regresado a Chile años antes conversaba con CMChile para
conseguir que nos dieran la representacion para Venezuela.
Tuvimos la suerte de que estaba como gerente general de CMChile, Gregorio Iñíguez, con
quien Carlos tenía directa o indirectamente alguna relación, lo que contribuyó a que nos
dieran la representación.
Resuelto estos asuntos me presenté en CMVzla para intentar conseguir que CMChile fuera
precalificado entre las empresas invitadas a presentar oferta en la licitación internacional
para el suministro de los billetes.
En alguna ocasión anterior CMChile había suministrado monedas a Venezuela, pero jamás
billetes.
Ser incluido en el reducido grupo de proveedores internacionales de billetes no es tarea
fácil, pero la autoridad local consideró incluir a CMChile en esta licitación para hacer sentir
a los proveedores habituales que había un nuevo competidor con lo cual además se
evitaría que los proveedores habituales pudieran coludirse.
Finalmente la autoridad local decidió aceptar que CMChile participara en la licitación de
billetes de menor denominación. Con eso disminuía el riesgo para Venezuela y se podían
acercar a su idea de evitar la colusión entre los participantes habituales.
Todas estas coincidencias permitieron que pudiéramos participar en la licitación.
CMChile presentó la oferta más baja en los billetes de baja denominación y así fue como
entramos a las grandes ligas, al reducido y privilegiado grupo internacional de fabricantes
de billetes y pudimos vender algo mas de cincuenta millones de billetes.
Esto representó para de CMChile ingresos por alrededor de 30 millones de dólares con lo
cual dejó de dar pérdidas después de muchos años durante los cuales invariablemente
perdió dinero.
Esta operación comercial exigió entre muchas otras cosas mi presencia en el aeropuerto
de Maiquetia para recibir los billetes y para asegurar su traslado hasta las instalaciones del
cliente venezolano.
La operación nos generó buenos ingresos y me permitió establecer relaciones con los
representantes en Venezuela de las grandes empresas fabricantes de billetes de países
como Suiza, Francia, Italia, Estados Unidos e Inglaterra,
Poco tiempo después y dada la brutal inflación que experimentaba la economía local,
CMVzla llamó a licitación para la fabricación de 2000 millones de billetes.
Era tanta la prisa del gobierno de Venezuela que para ahorrar tiempo propuso que todos
los participantes precalificados en esa licitación nos asociáramos para proveer esa gran
cantidad de billetes en el breve plazo en que Venezuela los necesitaba, evitando con ello
las fases de presentación y evaluación de ofertas.
En CMChile se había producido un cambio de dirección. Había sido designado gerente
general un tal David Sturrock, sórdido y pretencioso incapaz de apellido escocés que
reemplazaba al eficiente Gregorio Iñíguez.
Según Google, “Sturrock es un apellido de origen escocés, posiblemente derivado de la
frase gaélica "stùrrach", que significa "de temperamento rudo y hosco" o "que tiene los
dientes rotos".
Apenas asumida la nueva dirección empezaron a producirse irregularidades en las
relaciones entre CMChile y nuestra empresa, Procoven, su representante en Venezuela.
Me correspondía asistir a reuniones en Maracay, estado Aragua, en representación de
CMChile y en ellas sentía que de alguna manera no estaba tan claramente autorizado y al
tanto de las relaciones con el cliente como lo estaba bajo la administración Iñiguez.
Cuando informé al asno escocés David Sturrock del inmenso negocio que habia
conseguido para CMChile, la fabricación de 400 (de los 2000 ) mllones de billetes a un
altisimo precio, su respuesta fue evasiva y en ningún caso la que merecía un logro de
tamaña naturaleza.
Esta operacion generaría para Chile una exportación por mas de 300 millones de dólares
en un solo negocio.
Materializar la fabricaccion en Chile de esos billetes tenía dificultades adicionales
derivadas de que CMChile no tenía la capacidad técnica para producir billetes con todas
las características de seguridad que en esta nueva licitación se exigían.
Para que CMChile pudiera participar en esta licitación convine con los demás participantes
que la empresa chilena fabricaría los billetes hasta donde su capacidad técnica se lo
permitiera y que, una vez alcanzada esa condición, los 400 millones de billetes serían
enviados a Europa donde uno de los socios que estábamos en el negocio terminaría de
incluir en los billetes las condiciones de seguridad exigidas.
Durante los frenéticos días de negociacion me reuní con los representantes de los
fabricantes de billetes que estábamos participando en la provisión de los 2000 millones de
billetes que Venezuela necesitaba.
Incluso me reuní con el presidente de CMVzla sentados en las escaleras de un hospital
donde su esposa estaba siendo atendida de emergencia, lo que da una idea de cuánto
corrimos y cuánto hubo que hacer para presentar oportunamente la oferta conjunta de
todos los fabricantes de billetes que aspirábamos atender las necesidades de Venezuela.
Visto que la nueva administración de CMChile se mostraba poco clara en sus deseos de
tomar este contrato que representaba sus ventas de más de 10 años, consideré del caso
acercarme hasta la embajada de Chile en Venezuela y solicitar la colaboración del Director
Comercial, Enrique Ceppi di Lecco, quién resultó ser un vulgar delincuente.
En realidad yo debería haber caido en cuenta mucho antes de qué Ceppi di Lecco era un
sinvergüenza porque cada año la embajada de Chile organizaba un cóctel para el cual
pedía la colaboración de los grandes contratistas, empresarios y proveedores chilenos que
trabajábamos en Venezuela.
Y cada año el cóctel era miserable: no estaban los whiskys que habían sido donados ni
estaban representadas en comida o en bocadillos las grandes donaciones que habiamos
hecho los distintos empresarios.
Los cientos de invitados nos paseábamos por los inmensos elegantes salones sin tener qué
comer ni qué tomar.
Por otra parte era manifiesta la complicidad entre Ceppi di Lecco y el chino que
organizaba la recepción y el miserable cóctel.
Era evidente que el parcito se estaba robando la diferencia entre los ingresos que había
tenido la embajada de Chile para hacer el evento y los gastos habidos en su miserable
puesta en escena.
Al darse cuenta de la magnitud del negocio que pretendíamos hacer para CMChile, Ceppi
di Lecco intentó con otros empresarios chilenos levantar la representación que Procoven
tenía de CM Chile, lo que lamentablemente para sus intereses no consiguieron.
Visto el comportamiento del director comercial lo denuncié ante el gobierno de Chile y
ante el congreso de Chile a través del senador Alejandro Navarro Brain, quien también
resultó ser un delincuente.
Faltando pocos días para la presentación conjunta de la oferta de todos los participantes
en la licitación para proveer los dos mil millones de billetes, llegó directamente a CMVzla
una carta de CMChile denunciando irregularidades en el desarrollo de la licitación y
solicitando que ésta quedara sin efecto.
La carta fue devastadora.
El presidente de CMVzla me llamó para solicitarme retirar la carta acerca de la cual hasta
ese momento yo no tenia noticia alguna.
Dado que un participante denunciaba irregularidades en la licitación, CMVzla se veía
privada de la solución que había diseñado; esto es, conseguir que todos los licitantes le
hiciéramos una oferta conjunta, lo que le permitía hacer hacer uso de los recursos
asignados a esa licitación y ganar un tiempo precioso para Venezuela, necesitada de esos
billetes
A pesar de tratarse de un negocio de grandes proporciones para el estado de Chile y de las
ventajosas condiciones que se habían conseguido, Sturrock no estuvo dispuesto a asumir
el compromiso y actuó para que CMChile continuara generando pérdidas y rompiera
relaciones con CMVzla.
Ante esta situación generada por Sturrock y sus cómplices, CMVzla se veía en la obligación
de llamar a una nueva licitación.
Evidentemente ni las autoridades de CMVzla ni mis amigos representantes de los diversos
fabricantes de moneda de los distintos países que participaban en el negocio creyeron mi
alegato de que yo era ajeno a la denuncia que hizo CM Chile, por lo que me cerraron sus
puertas y me quitaron el saludo.
David Sturrock y las demás autoridades de CMChile que no quisieron participar en un gran
negocio para el estado chileno y que no tomaron ese extraordinario y atractivo desafío
optaron por romper relaciones con CMVzla y destruir la imagen que Procoven, su
empresa representante en Venezuela había logrado construir a lo largo de años de
trabajo.
En lo personal, Carlos Jerez y yo perdimos la oportunidad de ganarnos un millón de
dólares dólares en premio a nuestra destreza y esfuerzo.
Para Chile no solo significó dejar de exportar 300 millones de dólares en bienes
producidos por una empresa del estado. También se perdió la oportunidad de que
CMChile formara parte de igual a igual de un consorcio con las más importantes empresas
mundiales de fabricación de billletes
El plan de largo plazo del cual Sturrock formaba parte probablemente era privatizar Casa
de Moneda de Chile, para lo cual se necesitaba que la empresa estatal arrojara pérdidas.
A cargo de una empresa acostumbrada a producir poco y nada, cuando Iñiguez se vio en la
necesidad de producir 50 millones de billetes fue capaz de imprimir no sólo los billetes si
no también de imprimir a la empresa la vocación y el sentido de cumplimiento necesarios
para abordar una tarea de tal dimensión.
Iñíguez fue capaz de proponer un precio suficientemente competitivo como para ganar la
licitación, después de lo cual envió a sus ejecutivos a Venezuela para hacerse cargo en
terreno de las condiciones en que tenía que atenderse la obligación contraída.
Coordinó el inmenso esfuerzo necesario para obtener la materia prima para producir esos
billetes donde lo más difícil de conseguir es el papel de algodón sobre el cual los billetes
se imprimen.
La producción de este papel de algodón está concentrada a nivel mundial en muy pocas
empresas.
Sturrock, por el contrario, puesto ante la posibilidad de que Casa de Moneda de Chile
produjera ahora 400 millones de billetes a un precio extremadamente elevado, no fue
capaz de asumir ese compromiso que adicionalmente permitía a Casa de Moneda de
Chile incorporarse en calidad de socio en un consorcio con los más grandes empresas del
mundo fabricantes de billetes y de dejar con ello abierta la posibilidad de participar en el
futuro en grandes licitaciones internacionales para las fabricación de billetes.
Sturrock optó por eludir el compromiso, por esconderse, por no sentarse a conversar
acerca de las grandes ventajas que tenía que tomar ese trabajo y finalmente por escribir
una carta fiel reflejo de su inmunda condición, mediante la cual echó por tierra todo el
trabajo que se estaba haciendo en Venezuela para constituir un consorcio del cual Casa
de Moneda de Chile formaba parte y gracias a lo cual obtendría inmensas ventajas.